Diario de la desescalada (Y fin)

Fase: ¡Nueva normalidad!

Hemos perdido… la primavera. Inicio y fin de la desescalada:

Pasos:

Inicio y fin del estado de alarma:

Playlist de la cuarentena: variadita, como el estado de ánimo

Paisaje durante el estado de alarma:

1. Formas de explicar un cierre: escépticos, asépticos, cariñosos y mentirosos.

2. Cabreados, conspiranoicos, delatores…

3. Ellos

4. Bares, qué lugares

5. ¡Zoom!

Vacías

Etiqueta respiraroria

Dios aprieta, pero no ahoga. Top 10 de memes y no tan memes.

1. Reales aplausos

2. Ejercicio en casa

3. Rajoy

4. Lo colgó ella en su Instagram

5. El exalcalde de Ortigueira

6. Tezanos

7. Selección natural

8. Adaptarse al medio

9. Teletrabajo

10. Los más pequeños de la casa

Observaciones/ incidencias:

1. No sé si salgo mejor. Creo que no. No he desembalado aún la esterilla de los abdominales que pedí por Amazon al principio del confinamiento y que me llegó en la sexta prórroga del estado de alarma. No he escrito ninguna novela, ni he aprendido a hacer pan. No he comido sano (para eso hay que saber cocinar) ni me ha dado tiempo a pensar – mucho menos ejecutar- una buena lista de propósitos para la nueva normalidad.

2. Me entristeció bastante que no apareciera el cocroduero. Pero haberlos haylos.

3. En mis paseos por franjas pude comprobar que Madrid está muy mal puntuada tipográficamente. Faltan un montón de tildes en los letreros, sobran comas a punta pala en los carteles y no quiero ni empezar a hablar de los apóstrofes.

4. Bailar en casa no es igual. Aunque tenga mi bola.

5. La OTAN siempre está

Deberes:

1. Hacerse con un conviviente para que cocine (yo pongo la música), una bici y una terraza.

2. Buscar a Jack (el destripador). Es un juego de mesa entretenidísimo descubierto durante el confinamiento.

Nunca choveu que non escampara, pero ahora, por favor, sentidiño

Diario de la desescalada (XXX)

Fase: 1

Hito: último fin de semana en fase 1

Pasos:

– viernes: 8.334

– sábado: 5.192

– domingo: 4.860

Horario: muy loco. El paseo del viernes fue a las 5.30 de la mañana; el del sábado, a las 2.30.

Videollamadas: 1, con el futuro: 5 personas en fase 2 para 3.

Paisaje:

– Galicia a domicilio

Madrid para mí sola:

Lo más cerca que vamos a estar de celebrar San Juan este año. Estuve a punto de saltar por encima de la barbacoa 😔

Observaciones / incidencias:

– El viernes celebramos la primera cumbre de gallegos de la diáspora en Fase 1. Ocho horas seguidas en la mejor terraza de Madrid, la de Precedo. Éramos 9 y una planta. Hablamos del coronavirus (pero casi todo del amor en tiempos de); de otros gallegos, de bailarinas, de piojos y de La Democracia, claro.

– El sábado, David y Rosaura me hicieron salmón divertido, a la parrilla, para que mi padre vea que como pescado. Hablamos del coronavirus (pero también casi todo del amor en tiempos de) y de otras pasiones peligrosas, como el periodismo.

– Me ha llegado la esterilla de abdominales que pedí en la primera prórroga del estado de alarma. Desde la sexta va a ser todo más complicado, pero mañana me pongo a tope. Pienso convertir mi salón en un centro de alto rendimiento. Lo más bonito en el deporte son las remontadas. 💪🏻💪🏻💪🏻

Revista de prensa: Tamaño bolsillo.

Diario de la desescalada (X)

Fase: 0

Pasos: 7.189

Horario: 20.45 a 22.15

Outfit: mi gabardina bonita de cuadritos, vaqueros, zapatillas, cara de sueño.

Consumo de móvil: 9 horas, 12 minutos.

Videollamadas: 1. Rueda de prensa por zoom con Casado y 20 periodistas. No nos llamaba desde el 20 de abril pero hoy nos respondió a todos.

Playlist:

Everything is broken, Bob Dylan

– Walk on the wild side, Lou Reed

Lucha de gigantes, Antonio Vega

Se dejaba llevar, Antonio Vega

– El sitio de mi recreo, Antonio Vega

– A trabajos forzados, Antonio Vega

Ora, Ludovico

L’origine Nascosta, Ludovico

Leo, Ludovico

Ascent, Ludovico

Paisaje:

1. La quiero. Me la merezco.

Hay días y días…

Y venga corazones

Formas de verlo…

Con lluvia no salís, ¿eh?

Dios aprieta…

… pero no ahoga. Madrid entera para los gallegos

Incidencias:

1. Lo he explicado alguna vez, los gallegos tenemos la piel curtida en mil chaparrones y por eso en el agua no se nos arrugan las yemas de los dedos (podéis hacer el experimento en casa si tenéis a alguno a mano). No digo que no tenga ganas de que esto se acabe, pero Antes del Coronavirus, cuando llovía un poco, había que ir con 100 ojos para que no te sacaran uno los que no saben conducir con paraguas. Hoy he salido a disfrutar de la lluvia en la cara sin miedo a las varillas y con Ludovico a toda pastilla en los cascos.

2. Empiezan a llegar muchas fotos de los de la fase 1. Es como los que se van de vacaciones en julio y chinchan a los que se van en agosto, que a su vez chinchan a los de julio y septiembre. Está muy visto. Dejadlo. Por favor, parad.

Deberes:

– Hacer caso a la OMS y dormir tres horas más al día.

Diario de la desescalada (VI)

Fase: 0

Pasos: 8.474

Horario: 21 a 23 horas.

Consumo de móvil:10 horas 52 minutos.

Outfit: Un jersey de yoga que en su día compré porque era muy suave, no porque hiciera yoga; vaqueros, coleta, cara-pan. Estreno lentillas.

Playlist:

Grandma`s hands, Bill Withers

Some unholy war, Amy Winehouse

Louie, Louie, Ike & Tina Turner

For what it`s worth, Buffalo Springfield

Sweet Home Alabama, Lynyrd Skynyrd

What a man, Linda Lyndell

Boom Boom, John Lee Hooker

Lets stay together, Al Green

Hold on, I`m coming, Sam & Dave

Respect, Aretha Franklin

Paisaje:

He hecho la ruta de los viernes. Cenar aquí con mis amigos…

Bailar aquí con lo que surja…

Dios aprieta… pero no ahoga

Incidencias

1. La desescalada es un poco como Nochevieja, aunque todos vayamos peor vestidos. El 31 de diciembre haces propósitos de año nuevo y ahora haces propósitos para la fase 1, la 2, la 3 y la 4. Yo tengo ya cerrado hasta finales de junio: quedadas varias de 10; ruta de terrazas secretas; excursiones a casas rurales dentro del área sanitaria; y aprender a tocar esto que me he encontrado en mi paseo. Mirad qué monada

2. No me vais a creer, pero me he encontrado con ¡dos! seres queridos en la calle. Madrid en desescalada es como Coruña, pero sin mar: Conoces a todo el mundo en tu kilómetro, aunque sea de cara.

Deberes:

– Apuntar todos los consejos que me han dado para freír el huevo perfecto. Tengo a toda la familia de sangre y a la incorporada involucrada en la operación. Empieza a haber mucha presión en la grada, pero no pienso fallar.

–          Comprar y utilizar crema de manos. Se me están borrando las huellas dactilares de tanto lavarlas.

Revista de prensa

Diario de la desescalada (V)

Fase: 0

Pasos: 8.761

Horario: de 21 a 22.45

Outfit: de marinerita.

Consumo de móvil: 12 horas 51 minutos (casi todas culpa del PP)

Playlist:

La leyenda del tiempo, Camarón

Amor dulce muerte, Vicente Amigo

Soy Gitano, Camarón

Entre dos aguas, Paco de Lucía

Dice la gente, Kiko Veneno

Turu, turai, Remedios Amaya

Bamboleo, Gipsy Kings

Escuela de calor, Radio Futura

Aire, José Mercé

Las cosas pequeñitas, Nolasco

Paisaje:

Mario Conde durmiendo al raso

Optimistas

¿La semana que viene?

Dios aprieta…

… pero no ahoga Regalazo de @malaherba directamente desde O Grove

Incidencias:

1. He visto a otro ser querido! Ha sido muy emocionante, aunque me he quedado con unas ganas tremendas de darle un abrazo. Gabi estaba tan ideal como siempre y me ha dado unos tips súper buenos para cocinar las delicatessen gallegas y esos huevos fritos que aún se me resisten. El huevo nº 5 va a salir perfecto, lo sé.

2. Me he comprado unas mascarillas porque ayer volví a tragar otro mosquito.

Deberes:

– tratar de enfocar de lejos más horas al día

Revista de prensa:

Diario de la desescalada (III)

Fase: 0

Pasos: 6.087

Horario: de 21 a 22.15

Consumo de móvil: 10 horas, 4 minutos

Playlist:

Flight over África, John Barry

Siboney, Connie Francis

Nessum Dorma, Pavarotti

Dream a little dream of me, Ella Fitzgerald

Purple rain, Prince

At Last, Etta James

Ancora, Ludovico

I Think of you, Rodriguez

Way down in the hole, Domaje

Wild horses, The Rolling Stones

Outfit: mi sudadera vintage de Polaroid, mallas del Decathlon, pelo mojado.

Paisaje:

Gente haciendo planes…

Reencuentros:

Hola Julia

Dios aprieta… pero no ahoga: ¡Galicia a domicilio!

Incidencias:

1. Vivir para contarlo. Hoy casi me atropella un patinador. Iba a 120 por hora, sin control, y estoy segura de que sin carné. Debió de subirse por primera vez a los patines el sábado pasado. Toda mi vida pasó por delante. De hecho, fue una niña gorda de primera de comunión con flequillo y cancán la que me gritó apártate en el segundo justo. Al conductor temerario le perdono porque me recordó la excursión a la nieve, cuando hice el recorrido de telesilla a telesilla en una perfecta línea recta, a 200 y con los ojos cerrados. Teniendo en cuenta las circunstancias, he de decir que hice un aterrizaje con los esquís propio de Nadia Comaneci. No me rompí nada y al final tampoco me denunció nadie.

2. He observado mucha tensión en los convivientes. Salen juntos a pasear, pero no se hablan. Van mirando el móvil y hacen fotos (al paisaje, no al otro). Vi muchas parejas así y al final seguí a una, para ver si había reconciliación en el camino. Ni una palabra en 15 minutos. Ni una caricita al parar en el semáforo. Creo que están en su última prórroga.

Deberes:

–          Leer bien el BOE para explotar a tope la fase 0 y pedir citas previas en sitios.

Revista de prensa: ¿Aquí no hay una contradicción?

Diario de zumba (en casa) III

Todos los deportistas trabajan con metas: los juegos olímpicos, el campeonato de invierno, la pachanga del domingo. Yo me estoy entrenando a fondo para el maratón del 2 de mayo. No os voy a engañar, pese a mi tabla de cardio en casa con Siéntete joven, he perdido mucha masa muscular. Es como cuando te quitaban la escayola y tenías una pierna tipo Roberto Carlos y la otra de Kate Moss, solo que ahora van conjuntadas: puedo mover los gemelos soplando encima un poco fuerte. La situación no es mucho mejor en eso que llaman “el tren superior”: he desarrollado una especie de alas de murciélago y eso que, todas las veces que me acuerdo de que las tengo, hago ejercicios con mis mancuernas de un kilo de Amazon.

Pensé en hacer cambios en la dieta, como hacen también los deportistas antes de las competiciones importantes, pero el confinamiento me lo impide: para saber comer (en casa) hay que saber cocinar. Y habrá gente capaz de pasar esto sin una cervecita todos los días. No es mi caso. Yo solo encuentro paz cuando abro la nevera y veo las latitas dispuestas en fila por si ataca la morriña y hay que taponar la herida. Los gallegos de la diáspora lo entenderán: abrir una Estrella Galicia es lo más cerca que estamos ahora de oler el mar.

Son matemáticas: la ingesta de calorías crece exponencialmente- porque pasas muchas más horas cerca de la cocina- y la quema se ha reducido de manera inversamente proporcional -porque te mueves en un radio pequeño: cama-sofá-nevera-.  Por todo esto, necesito que esa hora de libertad que nos darán si todo va bien, cuente. No puedo limitarme a pasear distraída como hacía antes del apocalipsis. Ni siquiera a caminar rápido, como hace Rajoy, indultado en la fase cero de la desescalada. Necesito que esos 60 minutos se noten en este templo de flacidez. Habrá que correr aunque nadie te persiga. Que me perdonen los vecinos, he empezado a entrenar dando vueltas al sofá.

También he cambiado mi dieta televisiva y solo veo programas y competiciones deportivas, para motivarme. Aunque esto lo hago también porque me moría de envidia cada vez que alguien se daba un beso en la tele y mi estrategia inicial de ver solo series de crímenes no funcionó: siempre hay un detective que se enamora de alguien.

Con un poco de disciplina, creo que podría llegar a la fase importante – libertad de beso y abrazo-, al menos, en el estado previo a la cuarentena. ¡Vamos!

Mis favoritos

Hay que ser objetiva, neutral, mantener la imparcialidad. No se debe, pero confieso que tengo favoritos. Desde hace años son los que tienen muchos más que yo. Aprendí a apreciarlos con los que me tocaron de serie: dos pares de abuelos excepcionales e interesantísimos. Luego, trabajando, he tenido la oportunidad de entrevistar a muchos, casi siempre en circunstancias duras. Por ejemplo, delante de una fosa común abierta, buscando un esqueleto con reloj, el de su padre. La gente mayor es dura, pero sabe ser tierna. Es sabia, pero humilde. Y un lujo para mi oficio: nadie tiene tanto que contar y por contar.

Mi abuela materna, Fina, se fue demasiado pronto. Yo tenía diez años y perderla es el primer recuerdo que tengo de la tristeza. Los bebés y los niños lloran mucho, pero de adulto no te acuerdas. La primera vez que miro atrás y me veo llorando es el día que me dijeron que ella se había ido “al cielo”. Y no es solo porque sus nudillos fueran la máquina de cosquillas más perfecta que existe; porque hiciera la mejor tortilla con tomate del mundo o porque su maravillosa tienda (ferretería, juguetería y lo que surja) fuera el lugar donde yo he sido más feliz en toda mi vida, sino porque tenía algo que identifiqué ya de mayor, cuando aprendí la palabra: un carisma de aquí a Finisterre.

Después fui perdiendo al resto de mis abuelos, mis dos Ángeles, el paterno y el materno, y a María Luisa. Empecé a conocer a los abuelos de otros. Me gustan mucho los niños- especialmente algunos-, y los adultos -especialmente algunos-, pero tengo debilidad por los mayores porque son los que concentran, en mayor porcentaje, las cosas que me gustan. Por ejemplo, han sido muy trabajadores, y eso siempre me ha derretido: ver a alguien esforzándose en lo que hace, sea lo que sea. Son discretos, no se gustan; a veces no hablan mucho si no insistes, pero si aciertas con la pregunta, que es una de mis sensaciones favoritas, es como descubrir una fuente de petróleo. Son tesoros escondidos, cofres por abrir. 

Entre los 47 millones de españoles asustados pienso en ellos los primeros, por razones obvias. Tienen la fuerza de la experiencia, de la acumulación de datos y vivencias, pero la debilidad física de los años. Son la generación más generosa y antes del coronavirus lo han demostrado de sobra: prestando su pensión a los hijos durante la crisis; cuidando siempre de los nietos. Abofetearía uno a uno a los que no han entendido que hay que quedarse en casa; a los que con ignorancia y soberbia – tan peligrosas ahora- siguen actuando como si esto no fuera con ellos. Como no puedo hacerlo, recuerdo el motivo para quedarse en casa por aquí: se lo debemos. A todos los que sí han entendido, y que afortunadamente son mayoría, muchas gracias por proteger a mi gente favorita.

Un día menos

Un día menos para darle a mi tío Pablo el abrazo que me dolió no poder darle estos días.

Un día menos para despedir a mi tía Macu.

Para tomar un vino con mi padre y volver a jugar con mi hermano a guerra de besos (él los vendía caros).

Para decirle a mi tía Belén que ya puede descansar. Y en nombre de tantos: Gracias.

Para esperar una ola en la orilla.

Para enfadarme con el árbitro.

Para preocuparme de tonterías.  

Para ponerme unos zapatos de tacón.  Para estrenar una camisa.

Para celebrar cumbre de gallegos en nuestro cuartel general, Lúa.

Para enfocar de lejos.

Para pedir al DJ que ponga por favor, por favor, la canción que me gusta.

Para hacer, como siempre, un desastre de maleta.

Para levantar la cabeza en la redacción y pedir un sinónimo o darlo. Para escuchar los gritos de la hora del pánico: el cierre.    

Para mojarme si llueve.  Para pasar frío o calor si lo hace.

Para ahogarme de la risa viéndome en el espejo del gimnasio en clase de zumba.

Para mirar a alguien que me guste a los ojos.

Para hundirme de gusto en la butaca antes de ver en el cine una historia de ficción que sí supera a la realidad.

Para comer la deliciosa paella de Quique en una de las sedes de la otan.

Para que Mateo me dé una paliza a los bolos.

Para bailar con Pablo y Martín una playlist de imprescindibles que no termina nunca.

Para salir a pasear con Lola (97 años) por Carballo y darnos un baño de masas y besos.

Para planear las próximas vacaciones de Sangre Azul (yo me entiendo).

Un día menos para veros.

Para la otan

La otan, que es como yo llamo a mis amigas y sus maridos – un grupo metroscópicamente perfecto, la muestra ideal para cualquier encuesta sobre España en su conjunto- me ha pedido que escriba algo desenfadado de la cuarentena, y yo el tratado de la alianza me lo tomo muy en serio. No me puedo comprometer, eso sí, a que sea diario, como el de las campañas electorales, porque aunque viajo menos, estoy más ocupada que nunca. Sabéis perfectamente de lo que hablo. Además del teletrabajo, que significa trabajar mucho más que antes, porque ni siquiera hay el alivio de los desplazamientos, tengo no sé cuántas videoconferencias programadas, tablas de yoga y recomendaciones literarias y cinematográficas varias que atender. En mi vida acumulé tantos deberes y nunca había tenido tan desatendida a Siri, con la que antes del estado de alarma jugaba casi todos los días a preguntas trampa. Por ejemplo:

– Siri, ¿quién es la más guapa del Reino?

– Blancanieves, ¿eres tú?

En todo caso, y como son tiempos duros, que invitan a la reflexión interior, he tomado ya dos decisiones trascendentales para cuando pase todo esto:

1. Necesito más metros cuadrados. Me he dado cuenta de que son muy importantes. La ecuación, en realidad, es salud, dinero, amor y metros cuadrados. Y terraza. Al exterior. En los patios interiores no sale nadie a aplaudir. ¿Hay algo más raro que aplaudir sola?  Estoy dispuesta a no comer los lunes y los miércoles a cambio de poder permitirme, por lo menos, un balcón.

2. Echarme novio. Los periodistas nos pasamos la vida preguntando a los demás si hacen autocrítica y a nosotros nos damos manga ancha. Pero yo asumo mi error y bajo el listón. Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir. “Que me haga reír; que sea inteligente, cariñoso pero no agobiante, detallista pero no cursi. Buena persona. Que tenga un trabajo interesante; que entienda que la versión original es innegociable; que le guste Ludovico y la Motown; que baile bien; que sepa hacer las cosas que yo no; que toque la guitarra…”. ¿Pero dónde ibas, criatura? Lo bien que me vendría ahora un buen hombre con el que pelearme por quién baja la basura (¡tú ya fuiste ayer!) y por el mando de la tele (¡Tú escoges mañana!). Lo que entretienen. Las horas que matas enfadándote y reconciliándote. Tengo provisiones de sobra de macarrones y papel higiénico, pero me falta un ser parlante. Alguien que me moleste a las seis y que a las diez piense: ‘qué bien que estás aquí’. Error de cálculo del que me arrepentiré muchos días, según Pedro Sánchez -que ya nos está preparando para prorrogar el estado de alarma- y Pablo Casado -que, en eso, le apoya-.

Esto no solo lo he pensado yo, porque noto que vosotros, mis amigos y amigas con pareja, me llamáis más desde que estamos encerrados. Mi amigo David me ha dicho que ahora tiene unos ratos libres y va a hacer casting para mí. Yo se lo agradezco en el alma, pero desde que me lo dijo estoy más angustiada, porque me preocupa mucho que cuando finalmente me presente a los candidatos, ellos se lleven una decepción, como le pasaba antes de la cuarentena a la gente que ligaba por aplicaciones de móvil con fotos hiper producidas y luego, al verse en persona, zasca. Porque David enseñará mis estampas del Antes de-, cuando según mi Iphone había días que daba 25.000 pasos. Ahora, según las mismas fuentes, hago hasta 12 horas de consumo del teléfono por jornada, y eso engorda. Engorda muchísimo. El chocolate y las gominolas, también. Pero es que las cosas sanas las veo como muy expuestas a las toses y además no tengo ni idea de cocinarlas. Mi casa era uno de esos hogares en los que solo había cápsulas de nespresso. Imaginad la revolución. He hecho ahora, por primera vez en mi vida adulta, una compra de supermercado de más de cinco elementos y por internet.

Sufro, además, porque intuyo que el engorde no va a ser algo generalizado. Es decir, aquí hay mucha gente que, a lo zorrito, sin avisar, ha convertido el salón de su casa en centros de alto rendimiento y hace tablas de glúteos, planchas y sentadillas como si no hubiera mañana para salir con cuerpazo de la cuarentena. Dicen que es para desentumecer, pero están compitiendo entre ellos, en secreto, preparándose para el maratón de la libertad. Yo empecé una mañana con los movimientos esos circulares de cuello, pero me enviaron unos memes y me distraje cuatro días. Mañana empiezo la tabla, lo juro. Sacaré tiempo de donde sea.

Las crisis dicen que sacan lo mejor y lo peor de cada uno. Es la purita verdad. Yo reconozco que me reconforta ver a las influencers en Instagram tirando de archivo. Y cuando vi que Idris Elba tenía coronavirus, mi primer pensamiento no fue ‘pobre Idris’, sino, ‘pues si yo no lo puedo abrazar, su novia tampoco’. Luego, para compensar mis maldades, llamo compulsivamente a los seres queridos para decirles cosas bonitas.

He cambiado. Antes soñaba cosas muy grandilocuentes, tipo enviada especial a conflicto bélico conoce fotógrafo con chaleco de bolsillos y pelazo, pero ahora a veces me despierto y recuerdo que he dedicado la noche a arrasar Zara, o a beber dos tercios seguidos en un bar petado, rodeada de gente que habla muy cerca y discute cuál va a ser el siguiente garito. Siempre hay unos que quieren beber y otros que quieren beber y bailar. Es la vida. Aún no he hecho eso de comprar un vino que no sea para llevar a una casa a cenar, sino para que me lo traigan a la mía, a mi puerta – sin tocar-, porque pasé muchas temporadas de The Good wife preocupadísima por cuántas copas bebería Alicia Florrick cuando no mirábamos. Pero estoy a punto. Este martes, durante una de las videoconferencias, he pensado: ‘Mi reino por una Estrella Galicia’. Y luego he pensado, no, mi reino por ir a Galicia. Hoy han prohibido las playas también. Y el dato me ha encogido un poco, aunque la tenga lejos. Voy a prepararme para la operación bikini. Las de las sentadillas a escondidas: voy a por vosotras, que lo sepáis. Enseguida os alcanzo.