Diario de la desescalada (XXVII)

Fase: 1

Pasos: 9.978

Horario: 21.05 a 01.00

Consumo de móvil: 9 horas

Videollamadas: 1, con Cayetana Álvarez de Toledo y otros 50 periodistas.

Playlist:

– Say it loud, I’m black and I’m proud, James Brown

Respect, Aretha Franklin

– Let’s stay together, Al Green

I heard it through the grapevine, Marvin Gaye

War, Edwin Starr

– For what it’s worth, Buffalo Springfield

Paisaje:

1. La curiosidad

2. Juego de luces

Observaciones / incidencias:

– Es junio ya y no me habíais dicho nada.

– He ido a cenar a casa de Lucía y Claudi con Nacho. Cena riquísima en la terraza; casi, casi olía el mar. ¡Gracias! A mi padre, que sigue preguntándome, antes de nada, qué he comido hoy, mañana le diré que coquinas y gambas.

– Hoy me he dado cuenta de que cuando se hace tarde, tengo Madrid para mí sola y me quito la mascarilla para pasear, hago el mismo gesto que los detenidos de las películas cuando les quitan las esposas. Luego busco el camino más largo a casa y hago planes para la fase 2, la 3 y la vieja normalidad. Estáis todos incluidos.

Revista de prensa: El terror https://twitter.com/therecount/status/1267848296481128448?s=21

Diario de la desescalada (XXVI)

Fase: 1

Pasos: 11.850

Horario: 20.30 a 00.45

Consumo de móvil: 9 horas, 16 minutos (hoy tocaba ronda de reconocimiento)

Playlist (para caminar rápido)

– Ooh la la, The Wiseguys

Jump around, House of pain

– Destination Calabria, Alex Gaudino

– Right here, right now, Fatboy slim

Beggin’, Madcon

-Tengo un trato, Mala Rodríguez

Fuego, Bomba Estéreo

Paisaje:

1. La calle es mía

2. Delación con “la camarita”

3. Pie en pared

Incidencias / observaciones:

– ¡Hoy he visto a Precedo! Me ha puesto muy contenta volver a arreglar el mundo y el periodismo con él y comer platos cocinados por otros. Estaba tan contenta que al llegar a mi casa he bailado cuatro canciones seguidas en el salón y he hecho 10 sentadillas.

– Encuentro a todos los camareros guapísimos y encantadores. ¿A vosotros también os pasa?

Revista de prensa: Selección natural

Diario de la desescalada (XXV)

Fase: 1 (primer fin de semana)

Efemérides:

– Es el cumple de Clint (90)

– Dos años de esto: Rajoy, el tapado y la pitonisa https://www.jotdown.es/2018/06/rajoy-el-tapado-y-la-pitonisa/

Hitos: primeros tacones, primeros labios pintados y primer taxi desde marzo. Me he sentido Sarah Jessica Parker.

Pasos:

Viernes: 888

Sábado: 11.200

Domingo: 420

Videollamadas: solo 1 con los que están en fase 2.

Paisaje: 10 amigos en tres tandas diferentes: 1-4-5. La M-30. Una piscinaza con zona chill out. Campo de juego de La Melonera.

Incidencias / Observaciones:

– Han cocinado para mí. Ha sido muy emocionante. Carne muy rica que no tenía forma de nugget.

– Pasé una tarde jugando a cazar a Jack el destripador con un juego de mesa divertidísimo. En el juego no le cogíamos, pero en mi sueño de por la noche sí. Era un estudiante de Medicina muy atormentado, claro. La Reina de Inglaterra me ponía una medalla y Sherlock estaba un poco celoso, pero orgulloso de mí. Pese a mis éxitos nocturnos, al día siguiente volví al (tele)trabajo como si no hubiera pasado nada.

– El sábado hicimos mini cumbre de la OTAN. Tan guapas (ellas) como siempre. Era mediodía, horario fronterizo: la mitad desayunó y la otra mitad pidió cañas y patatas fritas.

Diario de la desescalada (XXIV)

Fase: 1

Pasos: 5.521

Hito: primera ingesta de alcohol outdooors

Horario: confuso

Playlist:

– Ain’t got no, Nina Simone

Sympathique, Pink Martini

Lovely day, Bill Withers

Don’t panic, Coldplay

– Here comes the sun, The Beatles

War, Edwin Starr

Kiss, Prince

Ready or not, The Fugees

Paisaje: ¡Paula! Creo que si nos hubiéramos encontrado en un país exótico, 20 años después y tras una bronca o una guerra, no me habría emocionado tanto como hoy.

Incidencias / observaciones:

– Me he encontrado con Ángel y Paula cuando iba a recoger a Javier para buscar una terraza. Al final nos hemos embarcado los cuatro en la misión y finalmente, lo hemos conseguido. Ha sido maravilloso pese a que en la terraza en cuestión sólo tenían Heineken y otra marca que no recuerdo. Me he bebido dos vinos (no Estrella, no cerveza) de golpe y he hecho reír al camarero. Me he sentido yo otra vez.

Deberes:

– Repetir

Revista de prensa:

Diario de la desescalada (XXIII)

Fase: 1

Pasos: 9.981 (todos buscando una terraza libre, sin éxito)

Horario: 20.05 a 22.00

Consumo de móvil: 7 horas, 56 minutos

Outfit: de transición. Hoy ha sido el primer día con alpargatas. Catástrofe. No quiero ni pensar cuando me ponga tacones el viernes.

Paisaje:

1. La Casta, cerrada

2. Algo hay

3. Hablemos de los apóstrofes. ¿Por qué los ponéis? ¿Por qué?

Incidencias / observaciones

– He paseado con un ser querido. Nos hemos saludado con el codo. Ocho veces o así. Le he visto guapísimo. De hecho, veo a todo el mundo guapísimo. Yo, en cambio, estoy en mis horas más bajas. Literalmente. Tensión a las 16 horas: 10.1- 5.1. Muy mal, pero muy mal, que empiece el calorazo justo con la fase 1.

– Sois demasiados. Urge establecer unas franjas para las terrazas. Y cortar calles para poner más mesas. Menos coches y más cervezas. Si no, los hosteleros tendrán que intervenir. Yo propongo juegos de eliminación, duelos sencillos para elegir quién se sienta. Por ejemplo, el primero que pestañée o se ría, para casa. Si adivinas qué canción suena o el nombre del dueño del bar puedes convocar a dos amigos más. También pueden ponernos unas pegatinas como las de los taxis con los días que no pueden trabajar. Son ideas.

Deberes:

– Volver a intentarlo.

Revista de prensa

Diario de la desescalada (XXII)

Fase: ¡1!

Pasos: 6.740

Horario: 21.30 a 22.30

Videollamadas: 1, con Pablo Casado y 20 periodistas más.

Consumo de móvil: 8 horas, 19 minutos.

Outfit: estreno mascarilla

Playlist:

Lucille, Little Richard

Green onions, Booker T & The M.G.’s

– You never can tell, Chuck Berry

– Come together, Ike & Tina Turner

Money for nothing, Dire Straits

Mustang Sally, Wilson Picket

She’s a rainbow, The Rolling Stones

– As good as you’ve been to this world, Janis Joplin

Fortunate son, Creedence Clearwater Revival

Paisaje:

Terraceo con listas de espera

(Casi) todo cambia

Incidencias / observaciones

– Me he sobreexcitado por el cambio de fase. Ayer apenas dormí de la emoción y, entre eso y el calor, me ha dado una pájara. Gatillazo total por bajada de tensión el primer día en Fase 1. Pese a todo, a las 21.30 he salido a hacer localizaciones para futuros encuentros con hasta diez amigos. Siento decir que habéis encontrado todas mis terrazas secretas.

– Una cosa os digo, salváis que soy plumilla y no policía porque hoy me hubiera forrado a poner multas. He visto besos entre claros no convivientes a punta pala. Creedme que en esto nadie siente más empatía que yo, que pienso sinceramente que si nadie me da un beso pronto me desintegraré, pero esto no es. Os habéis besado mucho y mal, mecánicamente, sin intención, que todavía es peor. Yo me estoy reservando para el beso del siglo. Os contaré.

Revista de prensa: la vicealcaldesa de Madrid inaugura una terraza

Y os parecerá raro cortar cintas para inaugurar una terraza, pero os recuerdo que Fraga inauguró una cascada:

https://www.google.es/amp/s/www.lavozdegalicia.es/amp/noticia/galicia/2000/08/20/fervenza-xallas-abrira-futuro-limite-tiempo/0003_162820.htm

Memorias de la otan

(A petición de la Alianza, balance de la etapa fundacional)

Para nosotras, Madrid era un pueblo. Una pequeña aldea con nombre de algo más grande, Ciudad Universitaria, donde teníamos todo lo que necesitábamos. Durante años apenas hicimos alguna excursión al extranjero – el kinépolis, el centro comercial de La Vaguada…- y solo para comprobar que fuera no nos estábamos perdiendo nada. Habíamos llegado de otros sitios pequeños llamados provincias (A Coruña, Álava, Badajoz, Alicante…) y en los que se habían quedado nuestras familias, así que decidimos formar una nueva, paralela. ¿Qué es, si no, un grupo que se quiere y se conoce desde hace 20 años?

Vivíamos en un colegio mayor, el Mara, y el primer año tuvimos la suerte de que casi todas nuestras habitaciones- que llamábamos “el zulo”- estaban en el mismo pasillo. Al zulo de Ana, por ejemplo, íbamos a comer un lomo riquísimo que nos enviaban sus padres desde don Benito – desde aquí, otra vez, gracias-. Al de Almu, que tenia suite -al hacer esquina, su habitación tenía un par de metros cuadrados extra-, a organizar asambleas sobre el plan del viernes por la noche. En aquel pasillo, que estaba a la altura del patio, tuvimos dos plagas: una de hormigas (empezaron colonizando el lomo y se vinieron arriba) y otra, mucha peor, de cucarachas. Un día, Almu y yo intentamos matar a una en el pasillo disparándole desodorante a tres metros de distancia y gritándole para intimidarla. Lo recuerdo perfectamente porque fue el día que decidí que, si en algún momento, por lo que fuera, teníamos que organizar un gabinete de crisis, Blanca debía presidirlo. Salió desde su zulo, el 1, hasta el de Almu, el 9, en pijama -eran las siete de la mañana o así-; nos miró, miró a la cucaracha, y la mató con un golpe seco de zapatilla, a sangre fría. Almu y yo ni siquiera nos atrevimos a mover el cadáver.

Otra de nuestras grandes anécdotas fue cuando tuvimos mononucleosis. Fuimos cayendo como moscas, una detrás de otra, con “la enfermedad del beso”. Por aquel entonces, Laura llevaba una lista de besados, un ranking de ligues, que iba engordando según Ana nos hacía la pregunta por las mañanas. Al principio era: “¿Has cataoooo?” y luego, por influencia del lobby gallego – el más numeroso de la pandilla- terminó siendo: “¿Catasteee?”. No quiero presumir, pero en mi lista de besos llegó a estar Alfonso, el del Chaminade, un chico monísimo que estudiaba Medicina y nos gustó a todas a la vez. Las peor paradas de la mononucleosis fuimos Isa y yo. Ella porque tenía mucha fiebre y estuvo muy debilucha un par de meses, y yo porque me recetaron un antibiótico- al principio se pensó que lo mío eran anginas- que me provocó una reacción alérgica de escándalo. Digamos que una mañana amanecí con el cuerpo lleno de ronchas y mi aspecto era el de alguien que acaba de salir de un coche ardiendo. La excursión a urgencias es otro de los momentazos de la otan. En el hospital pensaron, emocionados, que lo mío era rubeola y llegaron varios médicos muy contentos desde distintas plantas porque nunca habían visto un caso. Una chica que llevaba un dorsal en el que se leía “PRÁCTICAS” tuvo que pincharme varias veces. La primera – a día de hoy no sabemos muy bien cómo lo hizo- , me manchó de sangre todo el brazo y la camisa. La cara de mis amigas cuando salí del análisis – ensangrentada y con mis ronchas de tercer grado- no se me olvidará nunca. También fue el día en que un médico un poco bruto me llevó a un saloncito que yo interpreté como el salón de las malas noticias y me dijo, antes de que yo empezara a llorar: “¿Te acompaña algún familiar?”. Para chafe de los médicos resultó ser- como había dicho mi tía Belén por teléfono- mononucleosis y no rubeola.

Otra de nuestras batallitas fue cuando hicimos de go-gos. Hoy lo pienso y no sé cómo me dejan escribir en el periódico. Un amigo de Laura nos consiguió el trabajito en una discoteca. Consistía en aparecer y hacerlo disfrazadas. Yo me puse el vestido de nochevieja, compré unos guantes largos en un chino y dije que iba “de Gilda”. Ana se puso su chaleco vaquero de ligar y dijo que iba “de vaquera”. Para el resto de la pandilla hicimos acopio de material. Quedó sin asignar el “de hawaiana”, que consistía en un bikini y una falda de tiritas de papel amarillas. Estuvimos un tiempo discutiendo sobre si dejar ese para Paula – que no había estado presente en el brainstorming– era de justicia; si íbamos a dejar así como así que una di noi saliera a la calle medio en pelotas. Pero para nuestra sorpresa, cuando Paula llegó – probablemente, de unas tortitas con Tkachenko en el VIPS- le encantó el disfraz y nos dio muchas veces las gracias. ¿Quiénes éramos nosotras para quitarle la ilusión?

Hicimos una entrada triunfal -eso era algo que teníamos muy perfeccionado-, pero a partir de ahí no debimos ser muy competentes porque a la hora o así aparecieron gogos profesionales, de verdad. Eran tres chicas diez años mayores que nosotras en tanga y sujetador blanco. Luego comprendí por una cruz roja que llevaban en la frente que iban “de enfermeras”. Nos subieron de la mano a la tarima de la discoteca y empezaron a lanzar condones a la pista de baile. Imaginad el bochorno de Gilda. Al final, nos pagaron en especies -copas- y risas. Sinceramente, me pareció lo justo.

Teníamos novios y/o amigos en todos los colegios mayores, lo cual quería decir que había fiesta SIEMPRE. Además de las convencionales (carnaval, San Patricio, etc), estaban las autonómicas (fiesta andaluza, fiesta de Galicia…) y mis favoritas: fiesta porque sí. En nuestro colegio mayor podías salir hasta las siete de la mañana. Si querías seguir después de esa hora, había que desplazarse del lugar en el que estuvieras hasta el Mara para firmar en un papel y volverte a ir. Si no lo hacías te ponían falta grave y cuando acumulabas tres, te echaban. Cada mes enviaban a casa el listado con las veces que habías “firmado”, pero la época en la que más salí de mi vida también coincidió con la época en la que me pusieron más sobresalientes y matrículas de honor, así que mi padre nunca comentó nada del parte. No daré nombres, pero un miembro de la otan se quedó dormida una vez cerca, pero fuera del Mara, y nos despertaron en el colegio preguntando que dónde estaba. Fuimos a buscarla al colegio mayor de la última fiesta, gritando su nombre por los pasillos, hasta que oímos su vocecita. Fue lo que se dice una falta grave amortizada.

Cuando no había fiesta en los colegios mayores, quedábamos en el parque Almansa, donde se hacían botellones masivos. El botellón en sí es una cosa bastante ordinaria, pero nosotras nos preparábamos para ir al parque como si fuera una gala de los óscar. Hemos llegado a subir con sandalias de swarovski – a 3 grados en Madrid- y abrigos de doctor Zhivago. Hacíamos una entrada triunfal porque mis amigas eran – y son- como un catálogo de Victoria Secret, y luego nos poníamos en nuestro árbol – siempre el mismo- para recibir al pueblo. Después nos desplazábamos hasta una discoteca llamada CATS donde disponíamos de una cosa llamada “carné de señorita” que suena peor de lo que es. Consistía, básicamente, en que entrábamos y bebíamos gratis porque el local -atención- nos consideraba un reclamo. Sé que esto es políticamente incorrecto, y me crucificarán – con razón- mis camaradas feministas, pero a mí, tener ese carné me hacía bastante ilusión, la verdad.

También habría que contar cuando nos colamos en la gala de los Goya y terminamos sentadas en el patio de butacas -y el cocktail posterior-mientras uno de los premiados se quejaba porque no había podido llevar a sus padres a la ceremonia. Nadie nos preguntó nada porque entramos con la misma actitud que llegábamos al parque Almansa y los mismos modelazos. Ya ha prescrito, pero igualmente pido desde aquí perdón a la Academia.

En el colegio convivíamos con 200 niñas. Al principio (año 1999), no todo el mundo tenía móvil y nos llamaban a un teléfono que estaba en el pasillo. Para avisarnos de que la llamada era para nosotras sonaba en los zulos un ruido infernal que daba unos sustos de muerte: lo llamábamos “la chicharra”. Era muy común pasar por el pasillo y ver a Lorea hablar a toda velocidad con sus padres en euskera. Luego le costaba un rato hacer la transición y entraba en alguna habitación y decía, por ejemplo: “No saquéis mucho ruido” o “quedamos en el cruzaje”. Con Lorea aprendí que su nombre significa “flor” y que “tormenta” se dice Ekaitz, que era su novio. Tormenta era, sin embargo, un pedazo de pan. Y Lorea también. Se le atascó la anatomía de primero. La pobre se examinó no sé cuántas veces de la asignatura. Un día llegó al comedor corriendo y nos dijo que por fin había aprobado. La otan se puso en pie, cogió sus tenedores, empezó a golpear los vasos, y anunció la buena noticia al resto del colegio. Todo el comedor empezó a aplaudir a Lorea, que lloraba con hipos de emoción. Luego nos dejó chocolate y gominolas de la cafetería – un sitio donde pidieras lo que pidieras, todo sabía a bacon-, en nuestros zulos.

Al tercer año, la otan se repartió en distintos pisos. Salvo yo, que pasé el lustro de la carrera en el colegio mayor porque tenía una beca por la que resultaba mucho más barato vivir allí y comer del rancho. Terminé siendo la veterana de las veteranas (con dos faltas graves).

Decidí llamarnos la otan porque funcionamos enseguida como un bloque: Estados distintos unidos para afrontar lo que viniera. Ellas hicieron magia y consiguieron que la peor época de mi vida fuera también la mejor. Entre las fiestas de disfraces, los exámenes, las preocupaciones más o menos fáciles, llegaron las pérdidas, las amenazas reales. Y cada vez respondimos, como dice el artículo cinco del tratado de la Alianza Atlántica, como uno solo. Lo hemos pasado muy bien. Pero también muy mal. Es lo que hace que un conjunto (una pareja, una familia), sea indestructible.