El regreso

Hoy he vuelto a clase después de un mes ausente por culpa de Mariano Rajoy. He dejado España patas arriba, pero si tengo que esperar a que haya Gobierno para volver, estos turrones que me he comido estos días iban a solidificarse bajo las mallas.

Mi pulsera de entrada no funcionaba porque habían caducado los cuatro meses que pagué la primera vez. Lo siguiente os lo podéis imaginar. Por supuesto, había una oferta de un año entero y el de la puerta se ha alegrado tanto de verme que no le he podido decir que no.

Solo éramos cuatro en clase. De la tribu del ojo pintado, ni rastro. Y en lugar de La Diosa ha venido otra chica. La Impostora es morena y también tiene el culo en la coronilla y el pelo por la cintura, pero a diferencia de Paula lo lleva suelto, produciendo un efecto hipnótico. En un momento de la clase me he dado cuenta de que había dejado de bailar para mirarla. Francamente, no sé cuántos minutos he podido estar así, quieta, observando ese melenón en movimiento. Espero que no fueran muchos.

Con La Impostora se suda algo más que con aquel chico tan majo que nos ponía Adele, pero muy poco. He salido con mi mismo tono de piel y mi botellita de agua intacta porque no he necesitado rehidratarme durante el perreo. Es por ello que al final de la clase, que ha terminado sin aplausos ni nada -lo cual me ha entristecido-, me he subido a una elíptica de esas.

Es una máquina muy rara. Por ejemplo, lo que se hace sobre la elíptica ¿es correr o andar en bici? Esto no me quedó claro. Y los palos esos que te atacan dan bastante miedo. He pegado los brazos al cuerpo un rato hasta que me he atrevido a agarrarlos por la presión social – los demás me miraban raro-. Casi me caigo del cacharro. Luego me ha entrado un aburrimiento infinito. Los diez minutos se me han hecho eternos.

He cogido entonces una colchoneta, dispuesta a hacer abdominales, pero sin nadie que los cuente y te anime a hacer cinco más y luego otros cinco, no es lo mismo. He pensado en decirle a una chica que tenía al lado que si nos contábamos la una a la otra, pero mi incidente en la elíptica ya había enrarecido el ambiente y no me he atrevido. He hecho como tres de cada y me he rendido.

El gimnasio sin La Diosa auténtica no tiene sentido. Espero que vuelva y que la ausencia se deba solo a las vacaciones de Navidad. De lo contrario tendremos que conformarnos con La Impostora durante un año entero.

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