Amargadas

Dice David Pérez, el alcalde de Alcorcón (PP) que llamó “amargadas, rabiosas y fracasadas” a las feministas, que hay una campaña contra él. Que “un grupo de extrema izquierda cortó y pegó frases inconexas” para formar un mensaje que “jamás” pronunció. En fin, que lo que dijo, como pasa siempre con estas cosas, se sacó de contexto. Y tiene más razón que un santo.

Me he tomado la molestia – y no es un decir, la molestia- de escuchar entera la conferencia donde pronunció esas palabras; su intervención completa, las que le precedieron y la que vino después. Fue en el VI Congreso Nacional de Educadores Católicos, en 2015, y es cierto: en ese contexto, sus palabras no desentonan. Allí sonaba bien lo que un año después, en Twitter, en el día internacional contra la violencia machista, sonaba tan, tan mal. Muchos pensarán que peor incluso que esa frase inconexa sobre «las amargadas».

Estas son todas las perlas que Pérez y sus teloneros soltaron aquel día:  

Primer ponente, Juan Carlos Corvera, presidente de la Fundación Educatia Servanda

– “La igualdad entre hombres y mujeres se ha convertido en un axioma indiscutible. Ponerlo en cuestión supone la descalificación automática”. 

– “Vamos a cuestionar de manera razonada aspectos prácticamente asimilados ya por una gran mayoría social dominada por el pensamiento único: el hombre y la mujer son iguales siempre y en todo”.

– “Hasta tal punto ha llegado la igualdad entre hombre y mujer que el carácter sexuado de la especie humana pretende ser presentado como un caprichoso efecto del azar sin ninguna influencia en la configuración antropológica de la persona. He aquí la ideología de género, siguiente vuelta de tuerca de la igualdad. Se puede elegir ser mujer u hombre con la misma naturalidad que si se ha nacido rubio se puede teñir uno el pelo de rojo, y lo del color no va con segundas intenciones (aquí se oyen risas)”.

– “Hombres y mujeres somos muy diferentes en nuestra misión”.

– “El nuevo reparto de roles entre hombre y mujer ha reconfigurado la estructura interna de la familia. Es una consecuencia innegable que la menor presencia de la mujer en el hogar ha terminado teniendo efectos importantes en la educación de los hijos”.  

– “Esperamos que después de hoy ustedes también sean políticamente incorrectos reivindicando esa diferencia entre hombres y mujeres”.

Segundo ponente: Teresa López, Coordinadora del VI Congreso Nacional de Educadores Católicos

– “Nos gustaría poner en relieve la misión de la mujer en el mundo, lo que significa nuestro plan y cuál es nuestro papel en la vida de la humanidad: mujer y madre, alegría y dolor en el parto (…); mujer y esposa, relación recíproca de entrega al servicio de la comunión y de la vida (…), mujer, hija y hermana (…), mujer y trabajadora»

-«La maternidad es un don de la dignidad de la mujer”

– “Somos complemento del hombre y el hombre, complemento de la mujer”

Tercer ponente, José Ignacio Sánchez, director general de evaluación y cooperación territorial del Ministerio de Educación.

Se dedicó a hablar de la LOMCE.

Cuarto ponente, David Pérez, alcalde de Alcorcón (PP).

  

– “Siempre me ha parecido muy sorprendente que hayamos llegado al siglo XXI todavía con ese feminismo rancio, radical, totalitario,vigente e incluso influyendo en las legislaciones y marcando la agenda política”.

– “Es increíble que un feminismo que ha fracasado en el objetivo de proporcionar a la mujer nuevas cuotas de libertad, dignidad e independencia, todavía siga pudiendo hablar sin que se le caiga la cara de vergüenza”.

– “Las personas que tenemos claro que ese feminismo no puede seguir marcando la pauta tenemos la necesidad y la obligación de combatirlo”.  

– “Se prometió un nuevo derecho al aborto frente al derecho a la maternidad”.

– “El aborto para mí es el mayor atentado contra la dignidad del hombre que se ha producido en nuestra historia. Es el mayor crimen humanitario que existe. Hay que combatirlo. Se convierte el cuerpo de la mujer, en lugar de la protectora natural del ser más indefenso que existe, en una sala de ejecución de cientos de miles de niños indefensos que son eliminados de forma violenta y en muchas ocasiones también de forma dolorosa para esos bebés a los que ni siquiera se da el tratamiento de seres que merezcan una mínima clemencia, un mínimo trato humanitario. Porque muchos de esos bebés ya pueden haber desarrollado un sistema nervioso, ya pueden sufrir dolor y están siendo eliminados por métodos quirúrgicos, químicos, violentos”.

– “Uno de los grandes logros del feminismo es la muerte, la violencia, que es lo que significa el aborto, el mayor atentado contra la paz que existe en nuestros días”.

– “Cuando vienen otras mujeres diciéndoles que son mujeres antiguas, que prácticamente deberían avergonzarse de no haber roto esas cadenas, quienes lo dicen muchas veces son mujeres frustradas, amargadas, rabiosas y fracasadas como personas y que vienen a dar lecciones a las demás de cómo hay que vivir y pensar”.

Quinto ponente: Joaquín López de Andújar, obispo de Getafe

– “Quiero felicitar al alcalde de Alcorcón por su pronunciamiento público respecto de la defensa de la vida. En un ambiente tan difícil incluso en su propio partido, el que él públicamente haya manifestado su manera de pensar, es muy de agradecer. Ojalá hubiera muchas personas en la vida pública que manifiesten su criterio con ese vigor y claridad”.

A mí me ha quedado bastante claro lo que David Pérez quería decir, por qué lo dijo y dónde. Si os quedan ganas, aquí https://youtu.be/22ISeNRgXik está el vídeo completo. 

 

Malasaña ha enloquecido

En mi barrio se han vuelto todos locos y nadie lo está diciendo. Es un tema tabú. Se supone que Malasaña es cool y está llena de gente interesantísima que pinta, escribe poesías y se sabe todas las canciones de Antonio Vega. Pero ya no es así. Ahora sales a la calle y vas en tensión por si pisas uno de esos perros ridículos tamaño pelota de tenis a los que sus dueñas visten como si fueran barbies.
Mis vecinas son ahora Las Estupendas. Estas chicas que salen en la ventana de desconocidos del Instagram mirando siempre al infinito, o poniendo boca de susto, con modelitos ad hoc para recordarnos lo buenas que están. Esas que nunca enfocan un paisaje, o un libro, o la cara de un niño, porque no hay nada más estupendo que sus propios selfies, valga la redundancia. Ellas son ahora mis vecinas. 

Y no solo eso, en mi barrio ya no queda una tienda normal. Junto a la de cupcakes han abierto una solo de palomitas. A 50 metros hay otra solo de tiramisú y justo enfrente, un bar solo de gin tonics . Por no hablar de las llamadas tiendas-concepto en las que entras y solo tienen una silla rara, una regadera, un jersey que cuesta un ojo de la cara y un par (si no es tu número, mala suerte) de los muy de moda ugly shoes, que en inglés quiere decir -y así son- zapatos feos. Los dependientes siempre están enfadados porque hacen fuerza con las gafas de pasta para que se vea toda su vida interior, pero de todas formas no tienen trabajo: lo que hay es lo que ves, ni te molestes en pedir otra talla y ni se te ocurra insultarles preguntando si lo tienen en otro color.

De un día para otro, es más fácil en mi barrio comprar sushi que pan y ZARA parece una galaxia muy, muy lejana.

¿De dónde ha salido esta tribu? Misterio. ¿Es posible pagar el alquiler de un local vendiendo solo palomitas de colores? ¿Es eso lo que comen los miniperros? Y sobre todo: ¿dónde han ido Los Auténticos? 

A Antonio no le gustaría esto.

Si algún día me deja el periodismo

  
Si algún día me deja el periodismo, sólo sé hacer dos cosas en la vida. Uno: sé qué canción es en cuanto escucho la primera nota; Y dos: adivino los diálogos y los finales de las series. Mi oído tiene memoria de elefante, pero no encuentro la forma de sacarle rentabilidad. Con la segunda habilidad intuyo que podría ganar millones de dólares. ¿Qué canal o productora no querría saber con antelación qué serie va a funcionar y cuál no? Si adivino el final enseguida, descartada. Si tardo unos cuantos capítulos, contratamos una temporada. Les ahorraría a los señores de la HBO muchísimo dinero, por no hablar de la humillación de tener que cancelar la emisión por falta de audiencia. Eso se paga. 

Como catadora de series, viviría en Nueva York, en un loft con ladrillo visto lleno de metros cuadrados. Tendría una cocina con isla a la que vendrían a hacer platos sofisticadísimos mis amigos. Mi salón sería como el de Gertrude Stein, siempre atiborrado de artistas. Uno de ellos, que es fotógrafo, me haría un retrato precioso, lleno de pestañas, pómulos y sombras. De esos que dan ganas de tener nietos para decirles un día: “Pues esa soy yo”. 

Nos acostaríamos a las tantas, después de hablar sin parar de cosas que parecían no tener importancia. Por las tardes me pondría el proyector para  trabajar y destripar la serie. Con una copa de champán en una mano y un bolígrafo entrenado para la máxima crueldad en la otra. Cada domingo un repartidor recogería mis sentencias: “Desaconsejo absolutamente la compra de Harrington Abbey. Está clarísimo que el dueño se va a enamorar de la sirvienta, la deja embarazada y él se arruina en plena Guerra Mundial”. O: “Visto bueno a la contratación de The Zimmermans. Me ha costado un rato comprender que eran marcianos que iban a descubrir la cura a todas las enfermedades de La Tierra”.

Por supuesto, de vez en cuando, habría galas. Y el presidente de EEUU vendría a hacerse una foto conmigo y a sugerirme, disimuladamente, que le diera mi endorsement a su candidato a juez del Supremo o similar. Yo llevaría unos vestidos absolutamente ideales porque además de dinero, tengo buen gusto. Y como también tendría tiempo libre, mi entrenador personal, que es un encanto, me habría esculpido un cuerpazo de infarto. 

Por el gusanillo, porque, en el fondo, los millones nunca me curaron del periodismo, de vez en cuando escribiría alguna crítica en The New York Times. De series y también de películas. Los actores no dormirían de los nervios, sabiendo, porque es así, que un halago mío lanzaría su carrera y un reproche les generaría traumas de por vida.

Nunca tendría amigos actores. Hay que saber separar el trabajo del placer. 

Como soy rica, pero tengo clase y principios, nunca aceptaría los contratos de publicidad. Ni los del champú que quisieron multiplicar sus ventas con mi melena ni los de la pasta que no se pone blanda porque además -a quién voy a engañar-, yo no sé cocinar.

Me invitarían a un montón de cosas a las que, por supuesto, no tendría ganas de asistir. Y las revistas especularían con mi vida sentimental, sin imaginarse por un momento cómo de guapo e inteligente es mi novio secreto. 

Pero sólo si algún día me deja el periodismo.  

Verano

Los besos salados después de compartir una bolsa de pipas. Recibir cartas sin facturas. El cine con palomitas.Leer por primera vez tu libro favorito. Las monedas de cien pesetas. Los bocadillos de pan y nocilla. La risa escandalosa de tu abuela. Ver a tu familia desplegarse en la playa como un ejército feliz, plantando la sombrilla como una bandera. Volver del mar con las yemas de los dedos arrugadas. Cantar a grito pelado Nessun Dorma en el coche con tus padres. Los primos. La bici. Las rodillas de mercromina. Las preguntas. Subirte al carro del Continente. Los coches de choque. Los helados de cucurucho. Devorar las escaleras después de oír: “¿Puede bajar Natalia a jugar?”. Viajar sin maleta. No tener vergüenza. Las mentiras piadosas. Las sorpresas. Llegar al 31 de julio y pensar: “Aún me queda otro mes de vacaciones para volver al cole”. Tener ganas de volver al cole. 

Qué bonito era el verano. 

Era estupenda

Han pasado 16 años, pero tengo una larga lista de recuerdos que me pongo mentalmente de vez en cuando, como esas películas que no te cansas de volver a ver. Las tardes que me venía a buscar a clase de inglés y volvíamos a casa comiéndonos un pastel y contándonos el día que habíamos tenido. Cuando me llevaba a la librería Lume para escoger un libro. Las caras de fascinación con que la escuchaban sus amigos cuando la escuchaban contar cualquier cosa de esa forma que solo ella podía hacer. Oírla reír y pensar que era por mi culpa. Verla enfadarse y desenfadarse con mi padre. Esa mala costumbre de hacerse pis en cuanto salíamos de casa. Que me mandara al portal a practicar con la flauta porque no soportaba los deberes de la clase de música de 6º de EGB. La primera vez que me maquilló para salir. Ver a mi hermano pequeño hacerle caricias y decirle: “mamá, ¿por qué eres tan suave?”. Bailar juntas en el salón con la música de la mini cadena demasiado cara que mi padre acababa de comprar. Su estrategia infalible de hacerme reír cuando yo me ponía estupenda y me indignaba por cualquier tontería. Observarla disfrutar de su momento del café y EL PAÍS y desear escribir algún día en esas páginas que a ella tanto le interesaban. El último viaje que hicimos juntas, a Madrid, para buscar un colegio mayor y matricularme en periodismo.

Era estupenda.